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martes, 9 de mayo de 2017

Miedo al miedo

            Según la Real Academia Española, el miedo se define como recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Yo lo definiría como una parte del ser humano de la que nadie se puede deshacer. En muchas ocasiones llegamos a pensar que cierta persona no le teme a nada, pero nadie tiene tanta suerte. Todos, sin ninguna excepción, convivimos con una parte de nosotros que en ciertas circunstancias le invade el miedo. Cada uno de nosotros tenemos ciertas situaciones que esperamos no vivir nunca, en muchos casos por no saber cómo reaccionar o por no saber qué pasará, ya que uno de los más comunes es el miedo a lo desconocido. Intentamos esquivar esos pensamientos que nos producen angustia o malestar con el propósito de no generar que el miedo se apodere de nosotros. Pero aún más importante es que nadie lo note, o eso inculca la sociedad. Esa idea de que llorar es de débiles, y nadie quiere un débil para confiar. Por mucho que parezca o que la gente hable, no hay nadie que se salve al miedo. En algún momento de nuestra vida hemos sentido miedo, en más o menos cantidad o nivel, pero todos hemos pasado por eso. Lo mejor es superarlos, y para ello hay que enfrentarse a ellos. Yo estoy de acuerdo con eso, pero no te puedes enfrentar a ciertos miedos, ya sea porque son situaciones que solo vas a pasar una vez en tu vida o por impotencia. Lo peor de sentir miedo es esa sensación que invade nuestra mente que nos impide reaccionar de forma sensata, en muchos casos haciéndonos reaccionar de forma totalmente opuesta a lo esperado en relación a la situación.
            El miedo es algo psicológico al que no se le puede dar una explicación que recoja todos los casos de todas las personas del mundo ni siquiera de la mayoría, ya que cada persona tiene una diferente forma de pensar y de actuar ante situaciones complicadas o de riesgo. En el libro Zigzag del escritor Jordi Sierra I Fabra se refleja diferentes tipos de miedo y diferentes formas de actuar ante él. El protagonista se gana la vida engañando a personas en un momento de debilidad mental, jugando con sus sentimientos. Cada vez que fallecía un hombre de edad adulta, con familia de clase media-alta él aprovechaba para aparecer durante el velatorio y, tras observar un poco el ambiente comenzar a actuar. Buscaba a la viuda o a algún hijo del hombre fallecido y les contaba que él era su hijo, fruto de un romance secreto de ese señor con su madre al margen del matrimonio. En todos los casos que había estado le había funcionado, y le acababan por dar dinero por no generar un escándalo en medio del velatorio o simplemente para no ensuciar el nombre de la familia. Una vez recibido los mil, dos mil, o la cantidad que considerara adecuada, desaparecía para siempre.  Así es como conseguía el dinero para vivir, a base de jugar con el miedo a la humillación o rechazo de los conocidos y amigos de esas familias. Hasta que llegó el momento en el que le dejó de funcionar dicha estrategia. En el caso de la familia Soler, el miedo le atormentaba al protagonista. Aún que siempre tuvo presente esa angustia de que le pidieran una prueba de ADN y ser descubierto, siempre contó con una confianza en sí mismo que le daba cierta seguridad y le garantizaba conseguir su propósito. Durante los primeros contactos con la familia, todo iba según sus planes pero igual el problema de que todo fuera a pique fue el exceso de confianza. Diferentes puntos de enfoque de una situación, pero que siempre está el miedo presente, y que cada personaje intenta ocultar por miedo a parecer vulnerable ante los demás. Es una historia donde el misterio está presente en todo momento, capaz de meterte en la piel de los personajes y hacerte vivir esa situación de angustia donde tú también percibes el miedo de cada una de las posturas.

 En conclusión, el miedo es una característica que forma la personalidad de  cada uno de nosotros, que como todo, tiene un lado positivo. Porque si el miedo no existiera todo sería mucho más complejo. Los sentimientos estarían incompletos, les faltaría ese pilar que le da el valor que se merece. Me he dado cuenta al terminar de leer el libro que mencioné anteriormente, mientras reflexionaba sobre cada uno de los personajes, intentando buscar una explicación lógica de sus actuaciones, y he llegado a la conclusión de que toda la culpa o toda la responsabilidad, dependiendo del punto de vista, es del miedo, que nos controla y maneja en situaciones en las que no nos encontramos a la altura.

jueves, 27 de abril de 2017

Mil males

Cogemos la cartera, el móvil y las llaves de casa. Echamos una última visual para no olvidarnos de nada. Y por último, cerramos la puerta para asegurarnos de mantener a salvo nuestra vida.

El conjunto de bienes de cada persona define su personalidad, por ejemplo un individuo con un chalet en Benidorm y un buen coche es alguien a quien le ha ido bien en la vida y quiere disfrutar de los beneficios de su trabajo. Pero esta definición también vale para personas que han sido desahuciadas o que por culpa de diferentes factores como la corrupción o la estafa han tenido que quedar sin trabajo, cuya personalidad será humilde y tendrán una visión más pesimista, sin afán por aumentar su capital, buscando la felicidad en las pequeñas cosas.

Pero después está el asunto de aquellas personas que por desgracia lo pierden todo, de la noche a la mañana. No solo es aplicable a gente con alto número de bienes, sino también a la clase comúnmente conocida como media-alta o media-baja. Te acuestas por la noche en tu cama que todavía no has acabado de pagar, en tu casa acomodada, la cual aún te quedan por lo menos veinte años de hipoteca, sin pensar en que en cualquier momento tu mundo se puede desvanecer. Esto puede suceder por grandes catástrofes como un terremoto u otros elementos meteorológicos, pero también por errores que cometemos por culpa de ese afán de ascender en la escala social, dejando de lado los principios y la búsqueda de la felicidad en los pequeños gestos y bienes, o en simplemente compartir momentos con seres queridos.

Como en todo, siempre hay excepciones que rompen las estadísticas. Hablo de esas personas que a pesar de tropezar  mil y una veces siguen en pie, luchando por sus principios y que a pesar de haber caído no se dejan pisar, manteniéndose fieles, y apostando siempre al mismo número. Siendo estos los opuestos a los cuales hacen montañas de granos de arena, tirando la toalla esperando que alguien la recoja por ellos. Sin metas ni principios solo esperan ese golpe de suerte sin ni siquiera jugar.

Muchos se identificarán con los triunfadores y pensarán para ellos mismos que no lo son, lo cual el autoengaño no funciona. Todos somos personas en común diferenciadas por mil males, los cuales te definen más que todos los aciertos.

domingo, 26 de febrero de 2017

“SOMOS SOLITARIOS EN CONTACTO PERMANENTE”

Cada día, cada hora, e incluso cada minuto surgen en nuestra sociedad distintos miedos comunes, los cuales todos hemos pensado alguna vez. Hoy en día el temor común más grande se podría decir que es el olvido. Todos queremos ser recordados por una u otra razón, durante nuestra vida y después de ella, aunque después ya nos importará menos. Esto nos lleva a la idea de la soledad, algo de lo que intentamos escapar, precisamente para eso, no ser olvidados.
            La tecnología, siempre atenta a nuestras necesidades, o más bien preocupaciones, facilitan cada vez más las relaciones entre las personas haciendo posible ver a través de una pantalla a personas a miles de quilómetros. Todos vemos las ventajas que traen las nuevas tecnologías y sobre todo los Smartphone, pero ¿y los inconvenientes? De esto hablaron la semana pasada Jordi Évole y Zygmunt Bauman en el programa de Salvados. El invitado hace una reflexión profunda sobre todo el mundo de las comunicaciones actual, marcando sobre todo la idea de “Somos solitarios en contacto permanente”.  
            En mi opinión creo que tiene razón, pues seguimos siendo los mismos con las mismas ideas y las mismas distancias que nos separan. Es obvio que ayudan a mantener las relaciones, pero en exceso también producen los distanciamientos entre las personas más cercanas. Está claro que el objetivo de estas grandes empresas es vender el mayor número de productos posibles, pero también deberíamos ser los consumidores los que nos diéramos cuenta del abuso que estamos haciendo de ellas, dejando de lado a temas y personas más importantes. Pero al fin y al cabo solo nos ayudan a olvidar que en realidad estamos solos, son como esas mentiras piadosas que se les cuentan a los niños para no herir sus sentimientos, y es que en eso consisten disfrutar de la vida, en ser felices.