jueves, 27 de abril de 2017

Mil males

Cogemos la cartera, el móvil y las llaves de casa. Echamos una última visual para no olvidarnos de nada. Y por último, cerramos la puerta para asegurarnos de mantener a salvo nuestra vida.

El conjunto de bienes de cada persona define su personalidad, por ejemplo un individuo con un chalet en Benidorm y un buen coche es alguien a quien le ha ido bien en la vida y quiere disfrutar de los beneficios de su trabajo. Pero esta definición también vale para personas que han sido desahuciadas o que por culpa de diferentes factores como la corrupción o la estafa han tenido que quedar sin trabajo, cuya personalidad será humilde y tendrán una visión más pesimista, sin afán por aumentar su capital, buscando la felicidad en las pequeñas cosas.

Pero después está el asunto de aquellas personas que por desgracia lo pierden todo, de la noche a la mañana. No solo es aplicable a gente con alto número de bienes, sino también a la clase comúnmente conocida como media-alta o media-baja. Te acuestas por la noche en tu cama que todavía no has acabado de pagar, en tu casa acomodada, la cual aún te quedan por lo menos veinte años de hipoteca, sin pensar en que en cualquier momento tu mundo se puede desvanecer. Esto puede suceder por grandes catástrofes como un terremoto u otros elementos meteorológicos, pero también por errores que cometemos por culpa de ese afán de ascender en la escala social, dejando de lado los principios y la búsqueda de la felicidad en los pequeños gestos y bienes, o en simplemente compartir momentos con seres queridos.

Como en todo, siempre hay excepciones que rompen las estadísticas. Hablo de esas personas que a pesar de tropezar  mil y una veces siguen en pie, luchando por sus principios y que a pesar de haber caído no se dejan pisar, manteniéndose fieles, y apostando siempre al mismo número. Siendo estos los opuestos a los cuales hacen montañas de granos de arena, tirando la toalla esperando que alguien la recoja por ellos. Sin metas ni principios solo esperan ese golpe de suerte sin ni siquiera jugar.

Muchos se identificarán con los triunfadores y pensarán para ellos mismos que no lo son, lo cual el autoengaño no funciona. Todos somos personas en común diferenciadas por mil males, los cuales te definen más que todos los aciertos.

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