Cada día, cada hora, e incluso cada minuto surgen en
nuestra sociedad distintos miedos comunes, los cuales todos hemos pensado alguna
vez. Hoy en día el temor común más grande se podría decir que es el olvido.
Todos queremos ser recordados por una u otra razón, durante nuestra vida y
después de ella, aunque después ya nos importará menos. Esto nos lleva a la
idea de la soledad, algo de lo que intentamos escapar, precisamente para eso,
no ser olvidados.
La
tecnología, siempre atenta a nuestras necesidades, o más bien preocupaciones, facilitan
cada vez más las relaciones entre las personas haciendo posible ver a través de
una pantalla a personas a miles de quilómetros. Todos vemos las ventajas que
traen las nuevas tecnologías y sobre todo los Smartphone, pero ¿y los inconvenientes? De esto hablaron la semana
pasada Jordi Évole y Zygmunt Bauman en el programa de Salvados. El invitado
hace una reflexión profunda sobre todo el mundo de las comunicaciones actual,
marcando sobre todo la idea de “Somos solitarios en contacto permanente”.
En mi
opinión creo que tiene razón, pues seguimos siendo los mismos con las mismas
ideas y las mismas distancias que nos separan. Es obvio que ayudan a mantener
las relaciones, pero en exceso también producen los distanciamientos entre las
personas más cercanas. Está claro que el objetivo de estas grandes empresas es
vender el mayor número de productos posibles, pero también deberíamos ser los
consumidores los que nos diéramos cuenta del abuso que estamos haciendo de
ellas, dejando de lado a temas y personas más importantes. Pero al fin y al cabo
solo nos ayudan a olvidar que en realidad estamos solos, son como esas mentiras
piadosas que se les cuentan a los niños para no herir sus sentimientos, y es que
en eso consisten disfrutar de la vida, en ser felices.
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