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jueves, 4 de febrero de 2016

Opinión de: Buenos días, tristeza – Françoise Sagan
            Yo creo que este libro es una historia simple pero con demasiadas páginas llenas de cosas relevantes. El título llama a la curiosidad, ¿por qué tristeza? Fue una de las causas por las que elegí este libro de todos los de la lista. El argumento me ha parecido interesante y divertido, pero la forma en la que se cuenta no me ha parecido nada llamativa. La historia avanza despacio y no fue capaz de engancharme para leer página a página el libro de golpe.

            Sus personajes me han parecido muy diferentes, cada uno tenía su historia y su propia vida. No había muchos, pero más vale calidad que cantidad. De los personajes, mi favorito es la protagonista. Puede que sea porque entiendo su forma de pensar y de ver las cosas. A nadie le gusta que cambien sus costumbres y su forma de ser, y menos cuando eres una adolescente. El que menos me gustó fue Raymond, el padre de la protagonista. En el libro lo describen como un hombre bueno, divertido y amable, pero no me pareció bien que jugara con los sentimientos de Elsa. Aunque fuera una provocación de celos por parte de su hija Cécile y Anna, él traicionó a Elsa. Aunque esta última fuera una controladora que quería cambiar todo para tenerlo a su manera, no creo que fuera esa la forma correcta de hacer que Raymond abriera los ojos.

            Aunque no me haya gustado especialmente, me parece muy interesante leer esta clase de libros. Lo recomiendo a especialmente a los adolescentes que están acostumbrados a lecturas realistas. Simplemente con leer el título ya sabes que no va a ser una historia precisamente con la finalidad de producir una risa, pero me parece fundamental conocer otras formas de vivir. Sólo conocemos lo bonito del mundo, lo que nos cuentan las historias de Disney. También es bueno leer otra clase de libros, porque no todos los caminos están llenos de rosas, también los hay con piedras. Y libros como este te hacen abrir los ojos y te das cuenta de que el destino es impredecible, y que de lo único que estamos completamente seguros es que todos los caminos, tarde o temprano,  acabarán en Roma.